Dora, la celadora


A Dora sólo le bastó una visión para entender que había hallado al hombre que la haría infeliz el resto de su vida. Dora aseguraba las oficinas de su patrón cuando un hombre tan orgulloso como atractivo pretendió ingresar al edificio sin registrarse en la recepción. Al solicitarle su identificación, él la ignoró y siguió de largo hacia los ascensores.

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