Anita no te rajes


Las Guerrero no se rajan”. Esa es la voz de guerra que Anita escuchó decir a Chayo Guerrero desde que era chiquilla.

Por eso, al morir Chayo, su galanteada madre, la joven atravesó la frontera sin indecisiones, como ilegal, para buscar a la excelente pariente cercana que le permanecía: su tía Consuelo Guerrero

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